Ningún padre quiere enfrentarse a un berrinche de su hijo y menos en un lugar público. Por eso algunos padres ceden ante los chantajes de sus pequeños, dándoles lo que quieren con tal de que se calmen, lo cual es un error. Otros los regañan fuerte o, incluso, les pegan en frente de todos para que se tranquilicen, lo cual también es una equivocación. No soy un experto para decirte qué hacer y que no, simplemente te doy mi punto de vista y a continuación te contaré una historia que viví en carne propia con mi tía, quien es madre soltera y ha acudido a especialistas para que le ayuden a controlar su propio temperamento y a darle consejos para educar a su hijo.

Un sábado le pedí asilo en su casa porque iba a ir a una fiesta cerca de ahí, ella aceptó y a la mañana siguiente me invitó a ir a desayunar con ella y con su hijo. Recuerdo que mi primo desde que nació era huraño, gruñón y berrinchudo, por eso fue que mi tía pidió ayuda. Hoy, a sus siete años, es otra persona, cambió demasiado rápido. ¿Cómo? Mi tía no me lo reveló tal cual, yo tuve la fortuna de ver una clase presencial.

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Desde el carro empezó la clase, mi tía subió a mi primo en la parte de atrás, lo dejó sentado y se subió de copiloto, se abrochó el cinturón y enseguida le dijo que se abrochara el cinturón POR FAVOR. No hubo necesidad de repetirlo, se lo abrochó. Llegamos al restaurante y antes de cruzar la puerta de entrada le dijo: “Vamos a estar en un lugar público, tienes que portarte bien, de lo contrario nos iremos y no desayunarás tus hot cakes. ¿Entendido?”. Lo dijo con una voz suave, incluso amorosa y acompañada de una gran sonrisa. El niño dijo “sí, mami” y entramos. Pedimos nuestros alimentos y en cuanto llegaron los hot cakes de mi primo, llegaron acompañados de los problemas. Mi primito comenzó a decir que esos no eran los hot cakes de siempre, que son más grandes, que quería los más pequeños. Mi tía le dijo que no estaba en el mismo lugar de la otra vez y que ahí los hacían diferente. El berrinche comenzó. Llanto y gritos. Aún calmada, mi tía le pidió que se controlara, que no tenía por qué llorar. Contó del uno al tres, al llegar al tres se levantó y le dijo “acompáñame”. Salieron al estacionamiento, ahí mi tía me contó que sólo le dijo que lo que hacía estaba mal, que molestaba a las otras personas y que no debía contestarle de fea forma a ella, que le merecía respeto, por lo que iba a estar castigado y se quedaría sin hot cakes, que si volvía a hacer un berrinche en un lugar público se quedaría sin ellos por mucho más tiempo. Llegaron a la mesa, me dieron a mí los hot cakes y a mi primo le pidieron un club sándwich. Y, aún con sentimiento, se los tuvo que comer. “Se regaña en privado aunque el berrinche sea en público”, me dijo mi tía.

Espero esta breve historia les sea de ayuda a la hora de salir con sus hijos a un lugar público, recuerden que son pequeños como para que esperemos que por ellos mismos se porten bien, por eso debemos guiarlos, formar su comportamiento para que sea hombres de bien.

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