Leyendas de la joven condesa

Leyendas de la joven condesa

En un modesto pueblo europeo vivía una joven condesa a quien casi todos los jóvenes solteros y adinerados del lugar pretendían. Su padre, quien era un hombre frío y calculador no encontraba al candidato ideal que desposar a su primogénita, pues alegaba que nadie era suficiente para ella.

Eso cambió hasta que se entrevistó con don Enrique Monasterio, dueño de varias fincas. Se trataba de un sujeto que ya rosaba las cinco décadas de edad, feo y sin escrúpulos a quien sólo le interesaba hallar a una buena mujer para poder procrear su descendencia.

La muchacha le suplicó a su padre que desistiera de su idea de fijar la fecha para el compromiso nupcial. Sin embargo, este se negó, pues ya había recibido una cuantiosa dote.

Una noche antes de la boda sorpresivamente el padre de la condesa murió en condiciones no muy claras. De hecho, las mujeres del pueblo comenzaron a contar leyendas en las que se aseveraba que el anciano había sido envenenado por su propia hija.

Las crónicas de este estilo continuaron cuando la muchacha deshizo el compromiso y a menos de un mes del deceso de su padre, se le vio salir con un joven campesino con el que tenía planeado casarse.

El enlace nupcial se llevó a cabo en una modesta capilla, con el propósito de evitar que las “malas lenguas” aparecieran en dicho sitio. Sin embargo, cuando el sacerdote estaba a punto de concluir la ceremonia, un espíritu se apareció y se dirigió rápidamente hacia donde estaba la joven.

Ella lanzó un grito de terror, pues alcanzó a divisar que aquella figura fantasmagórica no era otra que la de su padre, quien había llegado desde el más allá para evitar que su hija se casara.

De la fortísima de impresión, la joven condesa cayó al suelo muriendo al instante, pues su corazón había dejado de latir.