Mitos cortos de Puerto Rico La Torrecilla del diablo

Mitos cortos de Puerto Rico La Torrecilla del diablo

Hace mucho tiempo la capital de Puerto Rico era vigilada por gente del ejército, quienes se colocaban en pequeñas torrecillas, para así tener una mejor visión de lo que sucedía y evitar la llegada de piratas.

En cuanto oscurecía, se podían escuchar las voces de los soldados quienes daban la llamada de alerta, para que sus demás compañeros estuvieran listos en caso de que ocurriera una contingencia.

Cerca de un acantilado, se instaló una garita similar. El romper de las olas del mar, muchas veces asustaba a los soldados, pues los sonidos producidos por el agua eran muy semejantes a rugidos feroces de animales marinos.

Una noche le tocó quedarse de guardia a un único elemento militar en esa torrecilla. Mientras que todos sus compañeros respondían a la llamada de alerta, cuando el aviso llegó a esta última garita, nadie respondió.

El miedo y el pavor se apoderaron del resto de los soldados, aunque ninguno de ellos abandonó ese puesto durante la noche, pues no querían enfrentarse cara a cara con el demonio.

Aproximadamente a las 6:00 de la mañana, es decir cuando los rayos del sol comenzaban a salir, los soldados fueron corriendo hasta la garita que se hallaba en el acantilado, esperando encontrar a su compañero con vida.

Lo que hallaron los dejó helados, pues solamente se pudo recuperar el uniforme del militar, así como su arma de cargo, pero de él no se supo nada, era como si se lo hubiera tragado la tierra.

A partir de esa fecha, los militares pertenecientes a ese destacamento bautizaron a aquella garita como la Torrecilla del diablo y jamás volvió a ser ocupada por otro soldado. No tenemos la certeza de que esta historia sea verídica, pero lo que sí sabemos es que los lugareños se la cuentan a los extranjeros, al igual que muchos otros mitos cortos de Puerto Rico.